Guía rápida contra el coronavirus COVID-19

Antes de ésta, la más reciente pandemia en la historia de la humanidad se presentó a comienzos del siglo XX con la llamada gripe española, con una cifra de muertos superior a los 50 millones de personas, lo que equivale a la población actual de Colombia. Por fortuna el coronavirus ha demostrado, hasta el momento, una mortalidad baja pero desafortunadamente un alto nivel de contagio. Y es por esto que es importante tomar medidas para evitar contagiar a poblaciones en riesgo (adultos mayores de 60 años y pacientes con enfermedades crónicas) y para controlar el número de enfermos de modo que el sistema de salud pueda dar a basto con los recursos disponibles.

Tal vez el peor virus es el de la desinformación y el pánico pues nos lleva a tomar decisiones equivocadas que poco ayudan o, incluso, favorecen la expansión del virus. Es por ello que en PSICOSAPIENS colocamos a su alcance esta guía rápida contra el coronavirus COVID-19, para que tenga información clara y a la mano para actuar rápida y oportunamente. Recuerde siempre consultar fuentes oficiales como las del Ministerio de Salud de Colombia o las de las respectivas Secretarías de Salud de su departamento o municipio ante cualquier duda. Las alcaldías están en la obligación de habilitar líneas telefónicas para consultas y eventualmente para el envío de personal médico a su domicilio.

¿Cómo prevenir el contagio?

  • Lávese las manos con frecuencia con un desinfectante de manos a base de alcohol o con agua y jabón.
  • Tosa o estornude cubriéndose la boca y la nariz con el codo flexionado o con un pañuelo.
  • Evite tocarse los ojos, la nariz y la boca.
  • Mantenga al menos un metro de distancia entre usted y las demás personas, sobre todo con aquellas que tosan, estornuden y tengan fiebre.
  • Evite tocarse los ojos, la nariz y la boca.
  • Limite al máximo las reuniones numerosas.

¿Qué hago si sospecho que estoy contagiado?

Si cree que puede padecer el coronavirus porque presenta síntomas compatibles, como fiebre, desaliento o tos seca o si ha viajado o ha tenido contacto reciente con personas de zonas consideradas como foco de infección, tales como España, Italia, China, Corea del Sur, Singapur o Irán, por favor siga el siguiente protocolo:

  1. Aíslese.
  2. En la medida de lo posible, no se desplace a su IPS para evitar contagiar a otras personas.
  3. Llame a la línea de atención de su municipio. En el caso de Medellín es el 123 y para el departamento de Antioquia el #774, donde le indicarán si los síntomas ameritan una visita médica domiciliaria o no.
  4. Si los síntomas son leves, lo más probable es que deba mantener el aislamiento en su domicilio, si son graves, deberá ser hospitalizado.

¿En qué consiste el test del coronavirus?

El test se basa en la toma de muestras del tracto respiratorio. Lo puede realizar un médico en su domicilio cuando el caso es asintomático o los síntomas son leves. También puede realizarse en un centro de salud, si el paciente se encuentra ingresado por un cuadro grave.

Si la prueba es negativa, el caso se descarta. Solo si la prueba es positiva o no concluyente, se toman nuevas muestras y se avisa a la entidad seccional de salud.

¿Qué pasa si confirman que tengo el coronavirus?

Si no presenta síntomas o los síntomas son leves, las autoridades sanitarias seguramente le prescribirán el aislamiento domiciliario y que extreme las medidas higiénicas para no contagiar a cuidadores. Estas medidas incluyen el uso de mascarillas, lavado de manos con agua y jabón o un desinfectante. La mayoría de las personas, cerca del 80% se recuperan de la enfermedad sin necesidad de realizar ningún tratamiento especial.

Recuerde que por el momento no hay ningún medicamento antiviral específico para tratar el COVID-19, ni vacuna.

¿Cómo convivir con alguien contagiado con coronavirus?

Para aislar a una persona contagiada con el coronavirus en su propia casa, es conveniente que disponga, por lo menos, de una habitación y un baño exclusivos para él, de modo que disminuyan las probabilidades de contagio para las demás personas que conviven con el enfermo. Es importante mantener al menos un metro de distancia con cualquier caso positivo.

¿Cómo se que me he curado?

Para saber con certeza que un paciente se ha curado del coronavirus, después de padecerlo, se deben tomar dos muestras respiratorias separadas de al menos 24 horas entre cada una de ellas y ambas deben dar negativas.

¿Puedo volver a contagiarme?

Llevamos muy poco tiempo de estudio del coronavirus (recordemos que se supo de él a finales de diciembre de 2019) de modo que no se sabe a ciencia cierta. Al parecer hay un caso documentado en China, en el que pare que efectivamente hubo reinfección.

¿Dónde puedo encontrar más información sobre el coronavirus en Colombia?

Para más información por favor consulte la página web del Ministerio de Salud en el apartado dedicado al COVID-19, haciendo clic aquí.

“Si existe algún tipo de Complejo entre padre e hijo este es el de Cronos y no el de Edipo”

Por: Carlos Andrés Naranjo Sierra
Con el título de este artículo realicé un tuit luego de una ligera reflexión sobre los padres que suelen quejarse del exceso de cuidados y atención que provee la madre a sus hijos. Algo parecido a los celos agresivos que relata Sigmund Freud en el Complejo de Edipo, pero en un sentido opuesto del vector, no de hijo a padre sino de padre a hijo.

Por eso el título de este artículo es condicional, no toma como afirmación su enunciado sino que pretende conducir a la reflexión sobre uno de los pilares del entramado del edificio psicoanalítico y propone una visión opuesta, en términos vectoriales, para la supuesta dirección que recorre la agresividad en la relación entre el infante y su figura paterna.

Lo primero es aclarar que lo que llamamos figura paterna puede ser representada en el Homo sapiens, y en otras especies animales como los primates, por parientes cercanos que no necesariamente son de sexo masculino. Estructuras matriarcales sirven de ejemplo en ambos casos. Hay un miembro alfa, masculino o femenino, que ejerce el control sobre los demás miembros de la manada.

Edipo en el destierro, guiado por Antígona.

El Complejo de Edipo, enunciado por Sigmund Freud, plantea que hay un vector de agresión que va del hijo hacia el padre, recapitulando el parricidio original de la horda primitiva relatado en Tótem y Tabú, y que pasa por el deseo sexual hacia la madre, o el padre dependiendo del caso, y finaliza generalmente con la capitulación del pequeño, que opta por buscar su objeto de deseo por fuera de la propia familia.
Varias dudas conceptuales y psicobiológicas han sido denunciadas sobre esta idea freudiana, pero bástenos con mencionar la falta de desarrollo endocrino en el pequeño para tener deseo sexual y el llamado Efecto Westermarck, que afirma que, contrario al deseo incestuoso natural del Edipo, lo que realmente existe es un desinterés incestuoso, claramente comprobado en nuestra especie y en otras especies animales.

Cronos devorando a uno de sus hijos.

Pero ¿podría existir un vector de agresión opuesto, que fuera en la dirección padre-hijo siendo así el progenitor el que deseara la muerte de su pequeño, tal como el mito del titán Cronos que devora a sus hijos? Los casos de celos por la atención de la madre, relatados por cientos de padres parecían un buen indicio.De modo que comencé a investigar al respecto. Homines sapientes, leones, chimpancés, bonobos, perros, elefantes. En todos los casos era claro que pasado un tiempo, cuando el retoño llegaba a la pubertad, se detonaba un mecanismo evolutivo que sacaba a las crías del nido. ¿Era este mecanismo una muestra de la existencia del Complejo de Cronos? No necesariamente, además no era comparable con el Edipo, pues este se refiere a la temprana infancia.

Además, parecía que este mecanismo adolescente de expulsión del nido, se desarrollaba tanto desde el lado paterno como desde el lado de los hijos. En casi todas las especies hay un momento natural en el que tanto padres como hijos no se soportan bien y la lucha por el poder suele llevar a la fragmentación de la familia, favoreciendo la creación de nuevas manadas. Nada como Cronos y menos como Edipo, pero ¿podría existir una tendencia agresiva de los padres hacia los hijos durante la infancia?

Y es aquí donde la Psicología evolucionista echa luces sobre el asunto. Si partimos del hecho de que somos máquinas replicadoras de genes como dice Richard Dawkins, lo esperable de esas máquinas es que protejan sus copias. Aquellas máquinas que no protejen sus copias deben tener menos eficacia reproductiva en el mediano y largo plazo pues sus hijos, copias, tendrían menos chance de sobrevivir.

Es así como luego de una interesante conversación con Antonio Vélez, divulgador científico y escritor del reconocido libro de psicología evolucionista llamado Homo sapiens, llegamos a la conclusión de que es poco probable que exista tanto el complejo de Edipo como el de Cronos; los únicos complejos que sabemos a ciencia cierta que existen son aquellos como el Complejo B o el Complejo de Histocompatibilidad.

Hablando sobre Psicología Evolucionista en Ingeniando de Radio Bolivariana

Destacado

Carlos Andrés Naranjo Sierra, Psicólogo de PSICOSAPIENS fue invitado este lunes al programa Ingeniando de la Escuela de Ingeniería de la Universidad Pontificia Bolivariana, bajo la dirección del profesor Hernán Toro y la conducción de Lizeth Torres. En éste conversamos sobre los principios de la Psicología Evolucionista y su estado en Medellín y en Colombia.

Temas como el incesto, el egoísmo, el abuso sexual, la promiscuidad y la psicopatía fueron tratados en el programa con la participación de los oyentes que pusieron sobre la mesa sus dudas al respecto y que son siempre bienvenidas pues creemos que de eso se trata la ciencia: de poder cuestionar y exigir pruebas de lo establecido como certeza. Nada es definitivo en términos científicos.

Damos fe de un par de gazapos al final de la entrevista en el que se habla del la promiscuidad en el Homo Sapiens bajo el lente de la selección natural y se menciona la cifra de que cerca de un 10% de los hijos en el estudio no corresponden a su progenitor genético y afirmando que se trata de la madre cuando en realidad se refiere al padre. La madre siempre tiene la certeza de que el vástago es suyo, no así el padre. También sobre las estructuración psíquica a partir del Edipo para psicoanálisis, en las que se menciona neurosis, psicosis y esquizofrenia debiendo reemplazar esta última por la perversión.

Los invitamos a escuchar la entrevista completa haciendo clic aquí.

La fortuna del espectador consciente

“Survival is only important because the dead can’t reproduce!”
Zimmerman

Por: Fabián Sebastián González Mazo
Tal como lo ilustra el escritor estadounidense Mark Twain en su texto “Cartas desde la Tierra” (2006), cuya primera edición (1962) no pudo ser publicada hasta varios años después de su muerte, el ser humano se ha considerado a sí mismo como una obra de gran importancia dentro de la magnánima empresa de Dios. Twain utiliza un tono sarcástico y ciertamente humorístico, en el cual se puede encontrar, entre otras, una crítica en torno a la vanidad del hombre y, por qué no, una crítica al modelo estándar de la religión cristiana que busca explicar la vida. En palabras del arcángel Satanás, quien se encargó de escribir algunas cartas para San Miguel y San Gabriel con el ánimo de informar sobre la obra del Divino, el hombre “cree que el Creador está orgulloso de él; hasta cree que el Creador lo ama; que siente pasión por él; que se queda levantado de noche para admirarlo; sí, y que está para protegerlo y alejarlo de problemas… Llena sus oraciones de toscas alabanzas floridas y de mal gusto y piensa que Él se sienta ronroneando a gozar de esas extravagancias” (Twain, 2006, p. 19).

Desde la publicación de “El Origen de las Especies” en 1859 por Charles Darwin, la discusión en torno al origen del hombre ha persistido en el ámbito académico y fuera de este. Daniel Dennett ilustra dicha situación afirmando que la teoría de la selección natural es uno de los aportes más significativos a la cultura y “la compara con un ácido universal, es decir, con una sustancia tan corrosiva que no puede ser envasada de ninguna manera, pues cualquier envase es incapaz de resistir su fuerza implacable de destrucción” (Corral Cuartas, 2009, p. 96). Efectivamente, la idea de Darwin ha originado diversos cuestionamientos desde su nacimiento, y entre ellos se encuentra la pregunta por el creador y el estatus del hombre en ese proceso ciego que representa la selección natural.

La selección natural trajo consigo diversas ideas que han sido difíciles de asimilar para el hombre, entre las cuales se encuentra la de que no hay necesidad de un diseñador inteligente para que la empresa de la vida (que finalmente es la que toma protagonismo) se despliegue con su gran variedad. “El mensaje de Darwin es que la complejidad presente en los seres vivos, desde los procariotas, hasta los seres humanos, pasando por los organismos unicelulares, y los primates, así como la generación de órganos altamente complejos como los ojos o las alas y finalmente la aparición de la cultura y del lenguaje, en cuanto vehículo para la expresión, discusión y rechazo de las ideas, todos estos procesos son consecuencia de transformaciones graduales y lentos de selección natural a lo largo de los eones” (Corral Cuartas, 2009, p. 103). La idea de un proceso ciego, sin mente y sin ningún propósito en particular, y sobre todo uno que no incluye al hombre como un organismo superior, ha causado discusiones acaloradas. ¿Por qué es tan difícil considerar tal concepción? “Quizá por estar los seres humanos tan familiarizados con la complejidad inherente a los procesos de diseño en las artes y en la técnica y quizá por la circunstancia de que los seres humanos organizamos casi todas nuestras acciones en torno a propósitos, es decir, a la definición de unos fines para los cuales buscamos unos medios, suponemos por vía de analogía que la naturaleza en su complejidad exige la presencia y acción de un diseñador inteligente” (Corral Cuartas, 2009, p. 95).

“Se podría ver ahora que las fuerzas biológicas solas explicaban la variabilidad en el mundo; así, era innecesario dar vuelta a una autoridad más alta como una explicación directa de la diversidad de la vida” (Zimmerman, 2012, p. 16). Aunque rebatir el estatus de Dios no fuera posiblemente el objetivo de Darwin, su teoría, y la lectura concienzuda de esta, inevitablemente hicieron que el hombre encontrara que el puesto de gran diseñador del universo estaba vacante, con el agravante de que nadie tendría que ocuparlo. De esta manera, el carácter mítico del dios creador se vio fuertemente reforzado, lo cual no tiene por qué ser negativo, puesto que el mito tiene cierto valor instrumental. En el mito la verdad se manifiesta como un rastro, dentro de sus objetivos

está persuadir a una multitud, además de obtener provecho de las leyes y el bien común (Casas, 2013). “Es decir, en primer lugar, la religión posee un valor instrumental (porque para la mayoría de los seres humanos la deliberación es algo que queda fuera de sus posibilidades). La religión y las costumbres morales prestan ayuda a ese enorme colectivo al evitar que desesperen, que caigan en el crimen, etc. La tendencia al término medio que promulgan, tiene por objeto inculcar una receta para evitar que, sea cual fuere la situación considerada, una persona de racionalidad limitada se equivoque demasiado (por exceso o por defecto) en cada decisión que tome” (Casas, 2013, p. 126).

Un caso particular

“Tanto desde la perspectiva de las grandes religiones como desde la óptica de la filosofía, el ser humano se impone a sí mismo una corona, para reinar en el centro de la creación, apelando a una razón salida del sombrero de su propio ingenio” (Corral Cuartas, 2009, p. 100). Teniendo en cuenta la cita anterior, y con el objetivo de explorar las reacciones que se produjeron a raíz de la divulgación de la teoría de la selección natural, se observará a continuación el caso de Colombia y su “recepción” de la idea de Darwin. Para tratar de entender lo que sucedió es necesario partir del presupuesto de que quienes se adhirieron a la polémica evolucionista no eran precisamente biólogos o interesados en la historia natural, sino personajes de la política o la religión (Díaz Piedrahita, 2012).

Se trataba de una época agitada, segunda mitad del siglo XIX e inicios del XX, y se destacaba en el panorama intelectual el pensador y político Miguel Antonio Caro (1843 – 1909), quien en su trabajo “El Darwinismo y las Misiones” criticó duramente al escritor Jorge Isaacs. Esto último debido a que el autor de “María” había realizado un trabajo a partir de observaciones de campo llevadas a cabo a lo largo de seis meses y que tuvo como resultado un texto llamado “Estudio sobre las tribus indígenas del Magdalena”. En este trabajo consignó algunas observaciones e indagó en torno a la idea de Darwin, haciendo gala de una apertura que no caracterizaba a Caro ni a muchos otros personajes indignados en aquel entonces. Al inicio del texto de Isaacs se puede apreciar un fragmento que ilustra la actitud de aquel hombre al abordar los fenómenos que pretendía estudiar:

«Los hombres de ciencia juzgarán únicamente por la valía o importancia de los resultados; es lo natural y lógico, es su derecho temible; mas los del país si tendrán en cuenta que sólo ahora está él dando los primeros pasos, vacilantes por lo mismo, en este género de estudios, tan ocasionados a dificultades, hostilidad y peligros en las comarcas salvajes, como a menos en las civilizadas y en la blandura y el grato calor del gabinete” (Isaacs Ferrer, 1884, p. 4). Isaacs abordó su cometido con prudencia y admitiendo que lo que él pudiera escribir acerca de sus observaciones de campo en aquellos seis meses no sería más que material que debía ser sometido a una revisión seria y, lo más importante, por una comunidad científica. Además, en sus palabras se puede apreciar que no consideraba a las personas del país como hombres de ciencia. Por su parte, Caro se dedicó a atacar directamente los argumentos del observador de comarcas indígenas, manifestando fuertes palabras en torno a aquel hombre que intentaba dar cabida en el país a estudios de biología desde una perspectiva evolucionista. Las palabras de Caro fueron las siguientes: “No se puede negar que los remedadores de Darwin, por su Inclinación a la imitación grotesca, tienen ciertas afinidades, con su presunto abolengo; afinidades, decimos, y nada más como las podemos cualesquiera hombres tener con las imágenes de virtudes y vicios repartidas en la naturaleza animal; pues, por lo demás, no admitimos para ningún racional, inclusos los darwinianos, la miserable alcurnia que ellos con tan escaso sentimiento nobiliario se atribuyen» (Caro, 1962, p. 307).

Las palabras de aquel hombre distaban muchísimo de ser una réplica científica, se trataba más bien de una reacción bastante folclórica que, si buscaba evitar a toda costa el parentesco con los demás primates, falló de principio a fin. Hay varios puntos que vale la pena considerar. Primero, no hay un verdadero acercamiento a la teoría, sólo se puede apreciar una vaga idea de la ascendencia común del ser humano, aunque se utiliza más como un arma de ofensa que como un enunciado argumentativo. Segundo, da muestra de que a partir de la mala lectura de Darwin, combinada con un orgullo desmedido propio de quien se ve destronado, se obtienen unos resultados desastrosos a la hora de insertar las nuevas ideas en el ámbito del conocimiento, de aquel que es riguroso y no teatral. Por último, decir “no admitimos para ningún racional, incluso los darwinianos” señala que la cuestión se abordó indebidamente desde el principio, puesto que se tiñó de ideología, opacando la discusión que las personas realmente interesadas en la evolución podrían haber adelantado. En otras palabras, se convirtió en una lucha donde para algunos era inconcebible verse rebajado a ser descendiente de un mono.

La teoría de la selección natural puso a temblar el piso de los conservadores, quienes indignados se afanaron por atacar con argumentos pobres aquella idea revolucionaria. El rezago en términos científicos en el país pudo pronosticarse desde el principio, puesto que los altos mandos del gobierno se encargaron de desprestigiar a Darwin y su teoría, como si se tratara de una cuestión de alcurnia. Tal como señala Díaz Piedrahita (2012): “Estos novedosos conceptos obviamente alteraban la estabilidad, la armonía y el orden de la creación y de paso socavaban la moral y el principio de autoridad oficial y de la Iglesia local que se inmiscuía indebidamente en el manejo del gobierno” (p. 82).

¿Ciencia vs. Religión?

En un caso aún más sorprendente, y francamente lamentable, Monseñor Juan Buenaventura Ruiz, obispo de Popayán entre 1888 y 1894, arremete sin ningún reparo (ni conocimiento) contra la teoría de la selección natural. “El comentarista parte de la premisa de que una parte de la humanidad aspira a ser maestra del resto mediante la supresión de lo sobrenatural, tratando de destronar a Dios a través de un lenguaje moderno denominado ciencia. Para Ortiz, la ciencia disputa a la fe el dominio de las almas, pues pone en tela de juicio el hecho de una creación general y sosteniendo la creación inmediata de las especies y del hombre, pretendiendo hacer a este descendiente de los animales” (Díaz Piedrahita, 2012, p. 83). Las manifestaciones de Monseñor Ortiz permiten retomar algo que se mencionó al principio de este texto acerca del valor instrumental de la religión en

la vida del hombre. Para Ortiz, se trata claramente de una lucha de poder, cuyos protagonistas son dos pastores enfurecidos que luchan incansablemente por el dominio de un gran (y productivo) rebaño de ovejas. Posiblemente, en aquel momento y aún en la actualidad, ciertos sectores de la religión guardan un profundo miedo a la verdad, la verdad que promueve el pensamiento crítico e impide que las cabezas de los hombres se muevan de arriba a abajo de manera rítmica. De esta manera, cabe aclarar que la concepción de Ortiz es errada, puesto que no se trata de cambiar La Biblia por el libro “El Origen de las Especies”. El conflicto no es entre ciencia y religión, sino entre la concepción medieval y la concepción moderna del mundo (Tamayo, 2011).

Así, mientras el Papa Pío XII, Eugenio María Giovanni Pacelli (1876–1958), se manifestó ante la Academia Pontificia de Ciencias afirmando que el ser humano se diferencia de los demás animales por su alma, y que Adán no pudo ser hijo de un bruto, el Papa Juan Pablo II, Karol Jósef Wojtyla (1920– 2005) expresó una posición contraria, dejando claro que los conflictos entre ciencia y religión podían simplemente no existir: “En efecto, es notable que esta teoría se haya impuesto paulatinamente al espíritu de los investigadores a causa de una serie de descubrimientos hechos en diversas disciplinas del saber. La convergencia, no buscada ni inducida, de los resultados de los trabajos realizados independientemente unos de otros, constituye en sí misma un argumento significativo en favor de esta teoría” (Tamayo, 2011, p. 110).

Por otro lado, tal como se puede observar en las palabras del papa Juan Pablo II, el enfrentamiento entre ciencia y religión, entre fe y razón, no resulta ser una postura generalizada en el ámbito religioso. Otro ejemplo de ello es la teóloga Uta Ranke- Heinemann, quien es su obra “No y amén: invitación a la duda” (1998) aborda algunos temas centrales del Nuevo Testamento con gran rigurosidad. Invita, entre otras cosas, a hacer una nueva lectura de los textos allí compilados y descubrir una verdad que no choca contra la razón del hombre de hoy ni ofende su inteligencia (Ranke-Heinemann, 1998). Tal como se mencionó anteriormente, el conflicto es entre la concepción medieval y la concepción moderna del mundo. Aunque el ejercicio de crear un ambiente no hostil entre ámbitos que a lo largo de la historia se han encontrado desgraciadamente en oposición sea algo difícil de asimilar para la mente del hombre moderno, para Ranke-

Heinemann no es tarea de la Iglesia hacer comprender e ilustrar al hombre, y por tanto no ve necesario que la cuestión sea forzosamente elegir estar en un lado u otro. En la introducción de su texto habla de las explicaciones que brinda en su abordaje del Nuevo Testamento, las cuales pueden resultar ofensivas para ciertas personas, aseverando que “[…] la razón no puede dañar a la fe; más bien, y con mayor frecuencia, la fe ha dañado a la razón. Y, bien mirado, querer creer sin que la razón sufra daños es un acto piadoso” (Ranke-Heinemann, 1998, p. 14). Más allá de promover ciegamente este tipo de posturas, vale la pena resaltar que no pocas veces es la vanidad (como se menciona en el texto “El Origen del Hombre”, de Darwin) la que impide que argumentos serios sean valorados como se debería, con rigor científico.

El hecho de que algunos movimientos fundamentalistas tomen la Biblia al pie de la letra y, más aún, que la lean como un texto científico, ha dificultado la relación existente entre ciencia y religión. Tamayo (2011) sintetiza de manera magistral la idea según la cual el conflicto entre ciencia y religión no tiene cabida, expresando que “la ciencia y la fe religiosa no están en contradicción ni pueden estarlo, puesto que no se solapan, son dos modos diferentes de conocimientos porque se centran en distintos planos de una misma realidad, y por lo tanto no pueden entrar en conflictos reales; la verdad científica no puede oponerse a la verdad religiosa… No hay que confundir: la Biblia no es un libro científico, sino histórico-religioso, y El origen de las especies no es un libro religioso, sino científico. También se debe aclarar que la verdadera confrontación es entre las ideas de la ciencia actual y la visión medieval del mundo, que actualmente mantienen solo pequeños grupos anticientíficos; que las posiciones antievolucionistas no son propias de científicos y que la jerarquía católica respeta las ideas científicas, incluyendo a la teoría de la evolución biológica. En síntesis, los anticientíficos antievolucionistas desprestigian tanto a la ciencia como a la religión” (p. 115-116).

El hombre no es el centro

Tal vez los partidarios de aquellas posturas religiosas que abogan por darle a Dios un lugar en la creación no estén precisamente interesados en asegurar el estatus divino, sino en defender su propia posición en la naturaleza. En el siguiente fragmento de una obra del señor Miguel Antonio Caro puede reflejarse mejor la idea anterior:

“Te han calumniado
¡Oh Dios! Tú oyes el grito
Del corazón doliente y consternado; Tienes misericordia y no has proscrito
La augusta libertad. Te han calumniado”.
Caro, M.A. (1888). Artículos y discursos. Primera parte. Bogotá: Librería Americana.

Cabe preguntarse, ¿qué tanto lamentará el señor Caro la calumnia hacia su dios? ¿No estará dicha lamentación más encaminada al propio hombre tan preocupado por su ascendencia biológica? No parece fácil la tarea de asimilar que no se es la creación central de un Dios que está constantemente en función de su pequeña y no tan humilde obra. Nuevamente, Satanás en su labor informativa resulta útil para ilustrar estas cuestiones: “Y ¿para qué servía todo esto según sus intenciones? Tan solo para iluminar este mundito de los hombres. Este fue su único objetivo, y ningún otro. Uno de los veinte millones de soles (el más pequeño) debía iluminar la Tierra de día, y el resto tenía la función de ayudarle a una de las innumerables lunas del universo a atenuar las tinieblas de la noche” (Twain, 2006, p. 28).

A menudo la ciencia destruye paradigmas, brinda nuevas formas de pensar los fenómenos del mundo, abre posibilidades no imaginadas, provee al hombre de herramientas para pensarse a sí mismo y, como sucede con la idea de Darwin, le informa acerca de su propio estatus en la naturaleza. Mal signo es que los paradigmas científicos permanezcan inmóviles e impenetrables, sin ninguna oportunidad de avance, puesto que es esto último lo que le interesa a quienes se dedican a enriquecer el conocimiento científico. Por otro lado, es la vida la que se abre paso día a día. Mediante la variación, la competencia y la herencia, y su interacción permanente a lo largo de extensos periodos de tiempo, se produce lenta y gradualmente por vía de la selección una acumulación de ventajas que favorece la preservación de los individuos (Corral Cuartas, 2009). No hay un fin especial, no hay un plan para sorprender y fascinar al hombre, no hay un sentido “a priori” en esta empresa ciega y desenfrenada llamada vida. Sin embargo, ¿por qué no aprovechar que nos hemos convertido en espectadores conscientes de tan fascinante empresa?
fsebastian.gonzalez@udea.edu.co